Cuando se empeñó en lanzarme la roca, cumplí con mi mandato. Ya tenía sus dones, pensaba que seria presa fácil, pero el saber que tenía los malditos dones me complico un poco las cosas.
Y no es que ahora que los puede usar sea invencible, aun puedo romperle el culo de puto que tiene. El mundo estaba en sus manos, de el dependía el futuro de la humanidad, y desperdiciaba su tiempo, con una chica. En su lugar me pondría a planear las estrategias.
Tendría que llegar rápido donde Zeferus, tiene que saber que ya a comenzado. Pero aún con la rapidez con la que podíamos correr, no llegaría hasta dentro de media hora. Tiempo que usaría para pensar. Al cabo de un minuto de fallidos intentos de concentrarme, al diablo con la concentración, necesitaba un pedazo de pizza.
A unas dos cuadras había una pizzería y no esperaría a llegar a la mansión, me la comería allí mismo. No soy de los que les gusta compartir, además si llevaba una caja completa la mansión, terminaría solo comiéndome un pedazo. Creo que en estos dos días que llevo conociendo a Zeferus y a Mike, y sobre todo a su apetito, mejor no pensar en pasar por allá con comida, es un pase a la perdición.
Cuando entré en el local, el olor a pizza hizo que me rugieran las tripas. Me acerqué a la caja registradora y sonreí a la chica que estaba ahí, ella también sonrío. Era una chica atractiva, pelo negro, que cae en cascada por la espalda, piel pálida, pero hay algo que me llama la atención. Son sus ojos: de un negro, en el que te pierdes, un negro inconfundiblemente diabólico. Si era una de los míos... pero si ella era una de los míos debería de estar unida a nosotros en la mansión. Se debería quizás a el hecho de que nos dan dos opciones o lo tomas o lo dejas, pero que la haría quedarse de brazos cruzados mientras, los puros se aliaban en sublevación contra el trabajo que se le fue encargado a nuestro padre, desde el principio de los tiempos, cuando el humano pecó.
No obstante, dios ama tanto a su creación que no cree que aún sea tiempo. Y tiene toda la razón, aún no es tiempo, pero por alguna razón que mi cerebro no logra asimilar, al Satán se le han metido ganas de acabar con todo de una vez por todas. El Armagedón se acerca y necesitamos reclutas, y no es que sea una tarea de mi agrado, simplemente dejar todo lo que amo no es algo a lo que le pueda aplaudir.
Y peor aún al parecer ella lo llevaba bastante bien, como si no le importara.
En el último minuto no era consiente de la forma que había tomado mi cara. Y por eso esta chica que podía brillar había dejado de sonreír, de tal modo que su cara había cambiado de una gran sonrisa de bienvenida, a una mueca de incomprensión total. Seguro ella estaba acostumbrada a que todos la mirasen bien, y vengo yo todo campante poniéndole la cara de un sádico.
-mmmm- me paso la mano por la bravilla, y señalo al gran menú que tiene colgado tras ella.- una mediana, de vegetales por favor.- ella mira la caja registradora y escribe muy rápido.
-¿algo para beber?- pregunta con palabras secas pero aún así su voz es hermosa.
-una lata de coca-cola por favor.
-¿algo mas?- pregunta, y resisto las ganas de responder ¨si quiero llevarte a mi cama y hacerte pasar un buen rato¨ pero eso seria demasiado apresurado.
- nada mas.
- son... 10 con 95.- cuando la factura sale esboza una gran sonrisa- gracias por su compra- pero yo no le sonreí, desvía hablar con ella, aún teniendo que quedarme hasta el final de su turno tenia que hablar con ella, creo que con la mirada que le lancé debió de entender lo que decía .
Y así fue, cuando su turno acabó, la seguí hasta el estacionamiento. y la confronté.
-¿por que lo haces?- pregunté. a sus espaldas.
-¿hacer que?
- por que no haces lo que se te a pedido.
-eh... pero si te comiste la pizza.
- no me refería a eso... tu eres de los míos por que no... Por que no te nos has unido, aún sabiendo lo que eres.
- por que el pedido, era un pedido no un mandato ¡por dios!- grita frustrada.
- no tienes por que alterarte, solo intento hablar, no gritar.- respondo tratando de calmarla.
-¡me importa una puta mierda!- camina mas rápido aún.- no quiero ser parte de el fin.- abre sus brazos y los apunta al cielo.- ¡por dios! y eres tan cínico para venir y preguntarlo.
-oye solo tengo curiosidad.
- pues te diré.- dice en tono mas calmado.- yo no quiero matar a estas personas, yo no quiero acabar con este planeta, y tampoco quiero morir en el intento, solo quiero tener una vida normal, ir a la preparatoria, trabajar en mi inútil empleo vendiendo pizzas y vivir en paz. ¿Es mucho pedir?
- mmmm.- digo pensativo.- ese es un buen punto de vista. Ella se voltea y me mira a los ojos, que reflejan una chispa de esperanza.
-¿eso crees?podríamos hacer algo.-me dice caminando unos pasos hacia donde mi. y yo no hago mas que perderme en el negro de sus ojos.

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